MOLINO DEL REY

MOLINO DEL REY

 

Economía política versión Kafka

 

Los optimistas científicos de Porfirio Díaz -rústico ensayo de tecnoburocracia– solían explicar sus políticas económicas y financieras como la oportunidad de trepar a México en la poderosa “locomotora yankee”. Nunca confesaron que se conformarían con viajar en  el cabuz. La primera década del siglo XX les asestó el mandarriazo que resquebrajó la dictadura. No hubo más mexican momento.

 

Porfirio Díaz en Sinaloa.

Porfirio Díaz en Sinaloa.

Cuando México recula y recula sus pronósticos de crecimiento económico para el sexenio, los científicos de esta hora echan mano a todo su voluntarismo personal para tratar de convencer al infelizaje de que el maná está por inundar el territorio nacional con su bienhechor y fecundo riego de las mieses. La Patria de miel y leche está a la vuelta de la esquina.

Cuando cobre el pagaré/ el pagaré…

Todo eso ocurrirá, por supuesto, cuando las transformadoras reformas estructurales empiecen a dar los rendimientos, para que la prosperidad llene el bolsillo del obrero, del campesino y del maestro. (Cuando cobre el pagaré/ el pagaré/ ¡qué gusto te voy a dar/ mujer!)
El pequeño problema, es que la locomotora yankee está hoy peor que la Línea Dorada del Metro de la Ciudad de México. Según escriben los que saben, hasta el funcionamiento del sistema de Seguridad Social de los Estados Unidos está dependiendo de la voluntad de los acreedores extranjeros del Coloso, entre los que hace punta China.
A Obama, lo único que le queda es capotear el huracán en El Capitolio cada vez que gestiona nuevo presupuesto y techo más alto para endeudamiento. Ganar tiempo para que, el que venga atrás, que arree.

Masaje al ego de los transformadores

Las prometedoras reformas estructurales, dijimos. Para que no haya reversa, hay que dar masajes al ego de sus impulsores. Recuperamos un chistorete que escuchamos la primavera pasada al economista en jefe del Banco Mundial (BM) para América Latina, Augusto de la Torre.
Y dijo el declarante: Es inminente la adopción del peso mexicano como moneda de reserva internacional. Lo primero que recordamos, es que todavía hay analistas especializados que saben que Carlos Salinas de Gortari le escondió tres ceros al peso, de lo que coligen que éste, frente a cada dólar, suma más de 13 mil unidades al tipo de cambio actual. Valdría, entonces, menos de dos centavos/dólar.
Con justa razón, otro funcionario de mayor jerarquía del propio BM saldría al paso dos semanas después para recomendar que no se hagan chistes macabros a costa de la tragedia azteca. Casi le dice al boca suelta: Estás como operado del cerebro.
A propósito de reservas mexicanas en divisa extranjera, hace apenas unos días el Banco de México, gobernado por el esférico doctor de reincidente apellido, Agustín Carstens Carstens, blasonó de un nuevo record en aquella acumulación: Más de 188 mil millones de dólares, y lo que viene con “el potencial” que desencadenarán las reformas estructurales.
Quede para los expertos cotejar la tangibilidad de tales reservas de cara a los diferentes déficits que reporta la economía mexicana en los diversos componentes de la balanza de pagos. Verbigracia: Valor de las importaciones versus valor de las exportaciones, sobre todo si se colocan en casillero aparte las divisas generadas por el petróleo y se registra también como aviso separado el incremento anual de 17 por ciento en el pago de intereses sobre deuda, sólo en el pasado ejercicio fiscal.

¿Y las reservas de oro ‘apá?

Por nuestra parte, menos como ciencia económica que como curiosidad periodística, intuimos que las tales reservas no las constituyen solamente las divisas en moneda extranjera; también el oro. (De las divisas, supuestamente patrimonio mexicano, la Reserva Federal de los Estados Unidos puede informar mejor sobre su paradero que los hacendistas domésticos.)
Franz Kafka.

Franz Kafka.

Pero hay un detalle que no nos deja dormir: Si la avejentada memoria no nos falla, quizá en 2013 la Auditoria Superior de la Federación (ASF/ Comisión de Vigilancia de la Cámara de Diputados) solicitó comedidamente licencia para auditar el oro en posesión del Banco de México. Para no variar: Se le replicó que no. Pues mire usted, que Banxico es autónomo. Qué tal.
Tan autónomo es Banxico que, si no lo revela la burocracia, de todas maneras trasciende que la reserva de oro podría ser superior a los cuatro millones de onzas. Tampoco es para preocupar a China. Para las desvencijadas finanzas mexicanas algún efecto en el marchito ánimo causaría saber que cada onza podría alcanzar hoy, mañana, una cotización en unos 18 mil pesos.
Donde la autonomía de Banxico cobra su áureo esplendor, es en el hecho de que las reservas de oro mexicano teóricamente se encuentran en bóvedas de la City (Londres) y Wall Street (Nueva York), y, como dijo el clásico, a más de no saber si a los depositarios ese oro les genera alguna renta, todavía Banxico les paga por la custodia.
Y los mexicanos come y come despensas donadas por la Campaña Nacional contra el Hambre. Vuelve, Kafka, escríbenos la historia.

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