MEMORIA HISTÓRICA 32 años de infierno

MEMORIA HISTÓRICA  32 años de infierno

Mexicanos: ¡Perded toda esperanza…!

 

Aplicados a la coordinación de edición de El Día de la ciudad de México, y al mismo tiempo columnista político del mismo diario, nunca supimos si por iniciativa propia o cumpliendo encargo, en mayo de 1987 el Coordinador de Comunicación Social de la Presidencia de la República, Manuel Alonso, nos cursó una inusual invitación para acompañar a Miguel de la Madrid en una de sus  giras. Se propuso Yucatán, a la que declinamos. Se insistió luego en Morelos. Sería por tierra. Aceptamos.

 

Por nuestra condición de periodistas, ya en Los Pinos, pensamos que nuestro lugar sería en la comitiva de prensa. Oficiales del Estado Mayor nos condujeron, sin embargo, al autobús Morelos, insignia del convoy. A bordo, después de pasar la caseta de cobro de la autopista México-Acapulco, se nos indicó que el Presidente nos esperaba en su privado de la unidad a compartir el desayuno.
Inusual también fue que, desde el primer acto en la explanada del monumento a Morelos, se nos trepara a ocupar un lugar en el presídium; atención que se repitió en actos posteriores, hasta que al atardecer el propio mandatario nos despidió en el helipuerto improvisado en un estadio de fútbol de Cuautla -fin de itinerario-, para el regreso a la ciudad de México. Fueron, pues, cerca de cuatro horas de convivencia privada con De la Madrid.

La herencia maldita.

La herencia maldita.

Los signos de los tiempos

Aquella experiencia de oficiante periodístico no pudo tener un marco más sugerente:
1)      Prevalecían los terribles saldos de los terremotos de 1985 y actuaban en el Distrito Federal nuevos movimientos sociales emergentes.
2)      Tres meses antes (hablamos en 1987), el sindicato internacional de bancos acreedores le había asestado a México un enésimo  adeudo de seis mil millones de dólares, para salir al paso a la latente amenaza de moratoria del débito externo, que sería “un mal ejemplo” para el Tercer Mundo;
3)      En el interior del PRI, presidido entonces por Jorge de la Vega Domínguez, galopaba la ruptura incitada por la que en aquellos días se perfilaba como Corriente Democratizadora, que exigía cambio de procedimiento para la selección de candidato presidencial;
4)      En el espectro partidario general, la chiquillada pretendía tomar su sitio en la próxima sucesión presidencial. Un signo premonitorio es que la dirección nacional del Partido Socialista de los Trabajadores (PST) mudaba sus siglas a Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional (el afamado ferrocarril), presuntamente a sugerencia del ex presidente Luis Echeverría. Cardenista, era el acertijo. Como sea, apareció el coco: El Frente Democrático Nacional (FDN).

La mecánica del diálogo

Puesto que desconocíamos a ciencia cierta el móvil de la invitación, ya que no mediaba ningún antecedente de relación personal, le advertimos a De la Madrid que no podíamos hacer abstracción del tema ya en la agenda pública con vistas a las elecciones generales del 6 de julio de 1988. La presidencial, principal en el menú.
A valores entendidos, le aclaramos al anfitrión que, pese al interés periodístico, no podíamos caer ilusoriamente por nuestra parte en la tentación de tener la exclusiva sobre la preferencia personal del que seis años antes José López Portillo había descrito como el fiel de la balanza. “El gran dedo”, para decirlo coloquialmente.

La sombra del embajador Gavin

“Vamos”, propusimos al Presidente, “a recapitular sobre  la tensión política con la que se inició su sexenio: Los violentos remesones de la expropiación bancaria de 1982, que derivó en feroz resistencia clasista  del sector empresarial, que se expresó en la campaña México en la libertad, evidentemente sonsacada por el embajador de los Estados Unidos John Gavin, y agravada por la reforma constitucional (artículos 25 y 26) referida a la planeación económica y la definición y deslinde de sectores estratégicos y prioritarios para el Estado, en el marco de la Economía mixta.
(En abril de 1983, Gavin había llevado de la mano al presidente nacional del Consejo Coordinador Empresarial, Manuel de Jesús Clouthier del Rincón, a algunas ciudades de la Unión Americana para que denunciara que un año antes la elección presidencial le había sido robada al PAN. Y pidiera la intervención internacional en México.
A mitad del sexenio,  desde la Secretaría de Gobernación se le había propuesto a De la Madrid cancelar el registro a la beligerante Confederación Patronal de la República Mexicana como sindicato patronal, único reconocido con este estatuto; temeridad que objetó el secretario de Trabajo y Previsión Social, Arsenio Farell Cubillas.)

Proclamación de la Economía de guerra

Sobre el capítulo de política económica, le recordamos a nuestro interlocutor que en la primera semana del sexenio, a causa de la crisis recurrente, el gabinete económico había anunciado dramáticamente que el nuevo gobierno implantaría la Economía de guerra.
Desde 1983, la presión externa ejercida por los acreedores internacionales, el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Reserva Federal (Fed) y el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos en torno a la deuda externa, imponía compulsivamente a México nuevos adeudos para pagar únicamente el servicio de la deuda anterior.
(En el sexenio se cargaron en libros del debe mexicano casi 19 mil millones de dólares. Seis mil millones en 1987, que medios de comunicación estadunidenses especularon se aplicarían a solventar la campaña del próximo candidato presidencial del PRI. Al cerrar el periodo, la deuda externa alcanzaba un monto de 100 mil millones de dólares.)
Precisamente en el frente económico, se había derrumbado el mito de la abundancia petrolera, precipitado por la frecuente caída de los precios internacionales del crudo. No obstante, el petróleo fue el único  valor aceptado por los acreedores para garantizar el pago de vieja deuda, cuyo principal nunca se amortizaba, y de la nueva deuda. A fin de cuentas, subidas y bajas de la cotización petrolera era sólo un ardid especulativo de las trasnacionales de los hidrocarburos y los mercados bursátiles.

Ni siquiera como convidada de piedra

6 PARA MEMORIAEntre negociaciones y restructuraciones que comprometían al sector (piloteadas por agentes externos, y en las que las secretarías de Hacienda y de Programación y Presupuesto servían como simples grumetes), la Secretaría de Energía, Minas e Industria Paraestatal (Semip) no jugaba ni siquiera el papel de convidada de piedra, no obstante que fue el sector escogido para arrancar la estrategia de privatizaciones, especialmente en la rama minero-metalúrgica.
A grandes rasgos, esos serían los puntos básicos de la temática. De la Madrid valoraría el desempeño de sus secretarios frente a esos desafíos y el reportero haría sus propias deducciones.
Para obviar el resultado de ese intercambio casi informal y a sabiendas de que entre las precandidaturas priistas despuntaban con mayor fuerza las del secretario de Gobernación, Manuel Bartlett Díaz, y el de Programación y Presupuesto, Carlos Salinas de Gortari, resumiremos que De la Madrid subrayó la intemperancia del político poblano que, dijo, palabras más, palabras menos, no había podido en el sexenio consolidar su propio equipo de trabajo. “Si no se puede gobernar a sus subordinados de confianza, ¿cómo pretender gobernar la República?”.

De cómo perfiló a Salinas de Gortari

De Salinas de Gortari, De la Madrid quiso destacar no sólo su autocontrol temperamental, sino el control sobre sus colaboradores a lo largo de cinco años; pero, sobre todo, ponderó su eficacia para sortear el huracán económico. (La posterior aparición del llamado Grupo compacto acreditó la primera observación presidencial, pero, en cuanto a la eficacia de los resultados, ¿en favor de quién?)
El reportero disponía de un dato adicional previo. En no pocas ocasiones nocturnas, en meses anteriores había asistido a un restaurante de postín en la Avenida de San Jerónimo (Delegación Contreras), en el que pudo atestiguar, en la discreta penumbra arbolada de la terraza, al titular de la SPP en cordial coloquio con el secretario particular del Presidente, Emilio Gamboa Patrón (le atribuían sus aduladores “el poder de picaporte”) y al vocero Manuel Alonso; sólo y solos  los tres, siempre.
No nos quedó duda de por quién optaría De la Madrid. Sabíamos de su confianza en la probidad Adolfo Lugo Verduzco (pero ya lo había enviado a Hidalgo); de su íntima identificación emotiva con Miguel González Avelar (afectado para entonces por incidentes de su vida privada) y del filial cariño por El hermano que nunca tuve (Alfredo del Mazo), pero nos pareció que la suerte estaba echada…

La mascarada de la pasarela tricolor

2 PARA MEMORIADos meses después de aquella para nosotros fortuita pero sustanciosa aventura periodística, De la Vega Domínguez anunció el “nuevo método” de selección de candidato presidencial: La increíble pasarela. Una mascarada de párvulos.
“Por orden alfabético” desfilarían Ramón Aguirre Velázquez, Manuel Bartlett Díaz, Alfredo del Mazo, Sergio García Ramírez, Miguel González Avelar y, hasta lo último, Carlos Salinas de Gortari. La presentación de éste se encomendó a la senadora y paisana del Presidente, Socorro Díaz Palacios, solvente escritora e inteligible oradora.

Pero, ¿quién impuso sus designios?

Los puntos suspensivos colocados después de la frase “la suerte estaba echada…”, tienen su razón de ser. ¿Quién echó tal suerte para desplazar la política del poder presidencial, a fin de privilegiar la helada y desalmada política económica, ya con tufo neoliberal? Por supuesto, no fue el Presidente saliente. Carecía de autonomía respecto de Washington.
Para decirlo pronto, entre el crepúsculo del expropiador López Portillo y la inauguración de Miguel de la Madrid, la Casa Blanca (Ronald Reagan/ Fundación Heritage/ CIA) y el Departamento de Estado (George Shultz, quien en el sexenio de Luis Echeverría había coincidido en la titularidad del Departamento del Tesoro), le tomaron especial tirria a México.
Primero, por la solidaridad mexicana con la Revolución sandinista triunfante en Nicaragua (materializada en petróleo barato y a crédito); después, por el impulso mexicano al Grupo Contadora, de pacificación de Centroamérica.

Los perros de presa de El Capitolio

En El Capitolio, la hostilidad hacia América Latina la dirigían preferentemente los senadores republicanos. Entre éstos, estaba un personaje de ulterior resonancia: Nicholas Brady, como indicamos, ex secretario del Tesoro; después, de vuelta a esta cartera, creador de los leoninos Bonos Brady. (Con los que Salinas de Gortari creyó quitarle a los mexicanos el yugo de la deuda externa.)
Pero el verdadero perro de presa en el Senado fue Jesse Helms, un vociferante que llegó a catalogar a México como el verdadero peligro para los Estados Unidos; incluso, alentó a ultraderechistas locales a constituirse en la Contra mexicana, al modo de la Contra nicaragüense.
En ese periodo, el Instituto de Santa Fe y el Consenso de Washington planeaban con sus alas de buitre sobre el Hemisferio. El petróleo mexicano -después de las crisis de los precios del crudo, generadas en la década anterior en el Oriente Medio, con sus respectivos embargos a occidente- estaba ya en la mira del Imperio.

Mexicanos, apenas peones de brega

PARA MEMORIAEn cada episodio en que se enervaba la crisis económica mexicana durante el sexenio de De la Madrid, las decisiones de primer nivel las asumían los ejecutivos de los bancos acreedores internacionales (en un momento dado hasta 550), desde luego, convocados por el FMI, el Banco Mundial y la Reserva Federal (USA).
Como meros firmantes y dóciles operarios  de esos mandatos, quedaban en segundo nivel los equipos de tecnoburócratas neoliberales de Washington y México; de acá, de este lado, los mandarines de la Secretaría de Programación y Presupuesto, jefaturados por Salinas de Gortari. A esas alturas, el primer titular de Hacienda del sexenio, Jesús Silva Herzog, era ya un cartucho quemado.

El GATT, primer nudo de la soga

En el gran contexto de las ríspidas relaciones bilaterales en esa temporada, vale apuntar algunos agrios ingredientes:
1)    México fue doblegado –humillar el orgullo mexicano, era la consigna riganiana– e incorporado al GATT (Acuerdo General de Aranceles y Comercio), envenenada placenta en la que se engendró el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).
2)    El caso Camarena (Enrique Camarena Salazar, hombre de la Agencia antinarcóticos de los Estados Unidos/ asesinado en Jalisco en 1985). No es éste, un tópico cualquiera: La DEA se sirvió del incidente para imputar públicamente a políticos mexicanos asociación con los cárteles de la droga, apuntando tendenciosamente en primer término al secretario de Gobernación, Manuel Bartlett Díaz, cuyas aspiraciones a la sucesión presidencial se conocían desde entonces.
3)    La cumbre de Mexicali Reagan-De la Madrid en enero de 1986. Reagan se disfrazó de gran benefactor del gobierno mexicano, anunciando un nuevo “rescate” de la economía, pero hizo palpable su irritación contra la diplomacia mexicana activa en América Central. (Por lo demás, ya era del dominio público la operación estadunidense Irán-Contra o Irangate, que descubrió el avieso trasiego de droga como política de Estado (USA), pese a lo cual en Mexicali Reagan le cargó la mano a su anfitrión, precisamente con el tema del narcotráfico.)
4)    En mayo de 1986, la Reunión Parlamentaria México-Estados Unidos en Colorado Springs, en la que de plano los congresistas norteamericanos le desenvainaron el machete a la delegación mexicana, exigiendo insolentemente la reproducción del modelo económico estadunidense en nuestro país (en buen romance, la anexión), empezando por la liquidación-extinción de la organización sindical, que causaba urticaria a los empresarios maquiladores en la frontera norte.
5)    El mega crack de la Bolsa Mexicana de Valores de octubre de 1987; gran estafa nacional que, con el botín, puso a los inescrupulosos bolsistas en tesitura de convertirse en propietarios de la banca, que empezaría a entregárseles 30 meses después, y con la que maquinaron una segunda súper estafa: El putrefacto Fobaproa-IPAB.
6)    Finalmente, la usurpación saliniana de la Presidencia en 1988.

El minimaximato que llegó para quedarse

Desde los primeros meses del sexenio 1988-1994, los tecnoburócratas más conspicuos del gabinete presidencial blasonaron que la Generación del cambio permanecería al menos 25 años (el minimaximato transexenal), hasta ver la plena culminación de sus políticas estructurales.
Con independencia de las siglas partidistas alternantes en Los Pinos, es en este sentido en que el salinato ha probado su arrogante y perversa eficacia. Tope en las atroces e irreparables consecuencias para los mexicanos.
Dos décadas después (… después de conejo ido/ pedradas al matorral), Miguel de la Madrid confesó arrepentido que, cuando declaró a su secretario de Programación y Presupuesto, “el mejor candidato”, desconocía (Je je je) la catadura moral de la familia Salinas de Gortari, a la que ligó con el narco.
Hombres de su sexenio, priistas por supuesto y ex colaboradores cercanos, declararon a De la Madrid loco senil. El daño ya está hecho. Como lo recomendaría el clásico, el salinato hizo el indigesto omelet con tan eficaz receta, que los huevos no pueden volver al cascaron.
Y eso que, en los frontispicios de instituciones que republicanas fueron, se lee: La Patria es Primero. ¿Por qué conservar la oración? Mejor dígase, con Dante: Perded toda esperanza los que entráis. Es cuanto.

 



Cachazuda, doña Christine

 

En el universalmente explosivo mayo parisino de 1968, sus compatriotas sabrán por dónde andaba y qué hacía la ahora doña Christine Lagarde.

 

Christine Lagarde

Christine Lagarde

Lo que los desarrapados mexicanos sí sabemos, es que fue becaria de la Holton-Arm School (Maryland, USA); luego, estuvo integrada al influyente despacho Baker & McKenzie (nada menos que en Chicago) y, otra vez, becaria en El Capitolio de Washington.
Durante ese ambulantaje trasatlántico de doña Christine, en 1976 (20 años tenía Lagarde) el satánico Fondo Monetario Internacional (FMI) doblegó al populista Luis Echeverría y le asestó la primera Carta de Intención, que durante ya casi cuatro décadas ha operado como collar de acero y concreto al cuello de lo que fue el México revolucionario.
Ahora directora gerente del FMI, doña Christine expresó aquí mismo, el 26 de junio, su “alarma”, porque uno de cada dos mexicanos (más de 59 millones de parias) viven en pobreza. Pero, eso sí, se asombra también de la profundidad de las reformas estructurales emprendidas por Enrique Peña Nieto, las mismas dictadas por el FMI. ¡Qué cachaza! (AGI)

 

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