Cuando el futbol no es suficiente

Cuando el futbol no es suficiente

 

EN UN PAÍS RODEADO por la miseria, el fútbol se convierte en un problema moral; en un motivo de discordia donde los brasileños expresan su impotencia y la añoranza por los altos niveles de crecimiento de años anteriores.

 

 

Dilma Rousseff.

Dilma Rousseff.

La expectativa de crecimiento para el nación carioca es de 1.8 por ciento. Incluso, podría ser hasta menor; debajo del 2.5 promedio de la región. En el fin del modelo económico que impulsó el ex presidente de Brasil Lula Da Silva nada levantará la economía brasileña que se encuentra en plena desaceleración, ni siquiera las grandes jugadas que provocan los gritos frenético de los fanáticos de las 32 selecciones que disputan la Copa del Mundo, ni tampoco los más de 13 mil 330 millones de dólares que se esperan de ganancia.
Bajo este contexto, resultaría lógico pensar que la justa deportiva podría ser recordada por lo que sucederá fuera de las canchas. Nunca antes de iniciar un Mundial se habían presentado tantos incidentes: Indígenas disparando flechas contra la policía, docentes bloqueando el micro de la selección local, trabajadores del metro de Sao Paulo estallando una huelgas y amenazando con volverla a hacer si el gobierno no reintegra a 43 trabajadores, detenidos durante una protesta. Eso si aprovecharon y aceptaron el aumento salarial de 8.7 por ciento, aunque desistiendo así de su reclamo de un alza del 12.2 por ciento.
Lula da Silva.
Lula da Silva.
Muchos de los reclamos contra el Mundial más protestado de la historia apuntan contra la corrupción de la clase política que prometió que sólo se utilizaría dinero privado y al final el Estado terminó usando los recursos públicos para las obras que resultaron más caras de lo presupuestado: Un total de 7 mil 828 millones de dólares se invirtieron en infraestructura.
A eso hay que añadir los abusos de la Fédération Internationale de Football Association (FIFA), a la cual el Congreso brasileño aprobó un proyecto de ley que la exoneró de pagar impuestos, condición que el organismo impuso en el 2007 a los brasileños al momento de darles la sede mundialista.
Las masas piden mejores servicios de salud, de educación, de transporte y no están de acuerdo con la pérdida del poder adquisitivo provocado por una inflación de 6.28 por ciento. Claro, no se descarta la posibilidad de que la derecha esté financiando la desestabilización. La sospecha recae en Aecio Neves, principal candidato opositor en las elecciones presidenciales a celebrarse del 5 octubre
Dilma Rousseff está contra la pared. Heredó un Mundial y los reclamos de sectores populares, de políticos inconformes, de anarquistas y diversos grupos que no soportan una cuarta presidencia seguida del PT.
Disturbios en Sao Paulo.
Disturbios en Sao Paulo.
A pesar del mal tiempo, la presidenta goza aún del apoyo popular, pero no de los mercados ni de la prensa. Sabe que para lograr su reelección, requiere un Mundial sin desastres. Dilma sabe que se ha instalado una idea negativa, porque se vive un año electoral. Desde su óptica, los pesimistas fueron derrotados por la capacidad de trabajo y la determinación del pueblo brasileño que venció los principales obstáculos y se preparó para la Copa, dentro y fuera del campo.
La mandataria deberá hacer un replanteamiento político y económico que permita compensar el gasto y la inversión pública. Ella cree ciegamente que el evento deportivo permitirá el despegue de la economía de su país. Se le olvida que por la extensión territorial de Brasil el impacto será menor.
Además, vale la pena recordar que en los mundiales de Francia en 1998 y de Alemania en 2006, no se detonaron los índices de sus respectivas economías. Al parecer la vida no sólo es fútbol, aunque así parezca.

 



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