DESLINDES Los Virreyes pisotean soberanías

DESLINDES  Los Virreyes pisotean soberanías

 

                       

EN LOS TIEMPOS DE CRISIS, como la mexicana, el mejor consejo a los políticos gobernantes, para salvarlos de la pujante indignación ciudadana, sugeriría que buscaran refugio en la prudencia, la tolerancia, el consenso y las ideas de todas las corrientes de la sociedad y fueran juntos, de común acuerdo, por las soluciones pospuestas durante los últimos treinta años de neoliberalismo.

 

Besamanos.

Besamanos.

Es temerario, en esas condiciones de mando precarias y huidizas, valerse de la fuerza o el abuso del poder con la desatinada ambición de centralizar o monopolizar todas las decisiones, aun a costa de sacrificar libertades y soberanías y de pasarse por encima de las leyes, los sentimientos y las autonomías regionalistas.
La vuelta del nuevo PRI a Los Pinos, encubierto con sofísticos discursos de cambio, trajo consigo la añoranza, el arcaico apetito de la antigua presidencia imperial para usarlo como modelo para gobernar otros tiempos, los actuales, que distan de parecerse a las monarquías del priato, ridículos y nefastos pasajes de la historia en que las burocracias cortesanas endiosaban al presidente de la República, lisonjeaban su vanidad y egolatría y aplaudían con fanfarrias e incienso sus caprichos, insensateces y tiránicas arbitrariedades.
Todos los gobiernos priistas hasta su derrota en el año 2000, abusaron del centralismo para someter a rebeldes y dóciles, a gobernadores y alcaldes, al Poder Judicial, a legisladores y líderes de gremios laborales y campesinos, a organismos empresariales, a los demás poderes, a los opositores y a los medios de comunicación -con salvedades- con la fuerza del Estado, las amenazas, el sometimiento, la manipulación de las leyes y con la compra de dignidades con corruptor dinero público.
Antes de aventurarse a tirar a gobernadores, como antaño, con la temeraria ayuda de los burdos e ilegales métodos de Echeverría, De la Madrid, Salinas de Gortari y otros próceres del priismo trasnochado, los tecnoburócratas neoliberales del nuevo PRI comenzaron a explorar sus alcances con la viejísima y odiada fórmula española del virrey e impusieron al primero en Michoacán.
Tibio y obediente, el gobernador Fausto Vallejo pasó a ser un penoso títere del centralismo a las órdenes de un comisionado federal, mientras los humillados y ofendidos michoacanos vienen sufriendo la prepotencia, los abusos, la ineficacia y los desatinos del enviado presidencial, el señor Alfredo Castillo, aquél antiguo procurador mexiquense en el sexenio del señor Peña Nieto que, como truco de magia del repertorio teatral del incomparable ilusionista húngaro Harry Houdini, sacó de debajo del colchón el cuerpo asesinado de la niña Paulette Gebara Farah, mucho tiempo después de haber desaparecido, para dejar boquiabiertos hasta a los más escépticos por su audacia detectivesca.
Como en los tiempos de la Colonia, llegó el virrey de Valladolid a Morelia, desbancó al gobernador e impuso a incondicionales suyos, importados del gobierno federal, al frente de la Procuraduría y la policía estatales y, con recelo, ordenó al pobre y manso Fausto Vallejo que le creara una subsecretaría de Finanzas para manejar, con otro fiel a sus intereses, los recursos federales aprobados para combatir la incontenible delincuencia organizada que, a pesar del virreinato, sigue con sus fortalezas, con sus matanzas y demás violencia, controlando el estado.
Envalentonado con su poder que se ampara en la ilegalidad y pisotea la dignidad de un estado libre y soberano, como ahora es sólo en el papel Michoacán, el señor virrey Castillo intimida, divide, juzga y encarcela para someter a inconformes con su proceder o renuentes a obedecerlo (La Jornada, 25/V/2014).
Entre sus víctimas que amedrenta y silencia con el garrote en mano, encabezan la lista los diputados locales priistas y panistas, las autodefensas, los organismos empresariales y los notarios públicos.
Fausto Vallejo.
Fausto Vallejo.
Tamaulipas es otro estado que cedió también sus espacios a la arbitrariedad centralista. Desde el poder central las burocracias federales tomaron ya el control de dicho estado bajo el pretexto de la añeja e incontenible violencia, con la imposición de mandos militares por regiones en conflicto, y la de procurador y jefes policiacos.
Escasa de ideas efectivas y huérfana desde que la abandonó a su suerte el asesor de lujo en asuntos de combate al crimen organizado, el general colombiano Oscar Naranjo -aquél que ofreció erradicar las matanzas en noventa días-, la alta burocracia sigue dando palos de ciego con el empleo de la absurda y fallida estrategia de Felipe Calderón, responsable del baño de sangre que rebasa los cien mil asesinatos en el país y más de 25 mil desaparecidos, para combatir a la delincuencia.
La nefasta injerencia centralista en las soberanías de los estados de la República ronda ahora sobre el estado de México, donde el gobernador Eruviel Avila Villegas heredó una grave cascada de violencia, asesinatos, inseguridad, secuestros, corrupción, extorsiones y femenicidios que el gobierno precedente maquilló durante su sexenio con la manipulación y falsedad de las cifras oficiales para así poder ofertarse, con dispendiosa publicidad y en medios domesticados, para la candidatura presidencial con el señuelo de un estado en paz, cuando la candente realidad daba pavor a los mexiquenses.
Inspirado a lo mejor en las perversidades de Fouché, el poder central quiere, con intervenciones injerencistas simuladas con imposición de personas extrañas en la toma de decisiones, acorralar el mando político mexiquense, violar la Constitución y sembrar el miedo entre los gobernantes de los demás estados del país que por mandato legal gozan de soberanía.
Y podría querer justificarse como violador de las leyes con el mismo pretexto: Abatir un crimen organizado que creció a la sombra del anterior gobierno peñista y ahora enfrenta un ataque más formal.
 A menos de dos años del gobierno del nuevo PRI, el control centralista con tufo de autoritarismo ha vuelto a escena y, por hoy, ya domina buena parte de las decisiones: tiene a su servicio a los desacreditados poderes Judicial y Legislativo, a los medios electrónicos y la inmensa mayoría de los escritos, a las organizaciones corporativas y a las cúpulas de organismos centralizados de nuevo como el Instituto Nacional Electoral y el Instituto Federal de Acceso a la Información y las nóminas del magisterio.
Decíamos que un gobierno débil que viene perdiendo credibilidad y consistencia, debería aquí y en cualquier lugar sumarse a los reclamos y necesidades de su pueblo para fortalecerse y volver a su momento estelar antes de que diera sus primeros pasos en un escenario explosivo.
General Oscar Naranjo.
General Oscar Naranjo.
En el caso concreto del gobierno del nuevo PRI,nada ha podido salirle bien tras la cadena de desaciertos, las novatadas, las impericias, las incoherencias, los caprichos, los intereses de grupos y los graves retrocesos en la seguridad, la economía y la política.
Hace apenas unos días, la Secretaría de Hacienda, contra su voluntad y la ansiedad futurista de su titular el ministro del año Luis Videgaray, hubo de admitir que su fantasioso pronóstico de que el Producto Interno Bruto crecería este año 3.9 por ciento, ha tenido el primer desplome a 2.7 por ciento y, sin duda, vendrán otros recortes con los meses, porque carecen de proyecto y apuestan todo a las zarandeadas reformas estructurales, descalificadas incluso por la cúpula de la iglesia católica mexicana ante el Papa Francisco.
Súmele el amable lector la fuga de capitales mexicanos por treinta mil millones de dólares en los últimos quince meses y haga sus cuentas.
La historia del aberrante centralismo nos remite a un fenómeno de la antigüedad. Según lo consigna Rodrigo Borja en su monumental Enciclopedia de la Política, “todas las monarquías orientales de la Antigüedad fueron regímenes centralistas” ilustra. “Los imperios de Occidente también se caracterizaron por el centralismo. La dispersión feudal de la Edad Media lo debilitó. Más tarde el absolutismo monárquico, con el gran movimiento de unificación de los Estados europeos, lo restauró.
Luis XIV
Luis XIV
“Por allí hubo alguien que dijo el Estado soy yo (Luis XIV). Más tarde la Revolución Francesa trabajó a favor de la descentralización, como parte de la concepción de la libertad, pero el totalitarismo de principios del siglo XX, en sus versiones fascista y comunista, lo implantó.
“Esta es la historia del centralismo. Su incorporación en la moderna organización estatal es, desde el punto de vista de las libertades, una amenaza; y desde el punto de vista de la administración pública, un sistema deficiente e injusto”.
En otras latitudes del mundo y en épocas distintas, antes de las crisis que se avecinaban, sabían apreciar, para sortearlas con éxito, las sabias palabras de Plutarco, filósofo e historiador griego, recogidas en Consejos a los políticos para gobernar bien: “Los generales y gobernantes faltos de instrucción, por su ignorancia interior, con frecuencia se tambalean y se caen, pues al construir su gran poderío sobre una base que no está bien asentada, se inclinan con ella”.
Como bien saben las últimas generaciones de mexicanos, ni centralismos ni virreinatos darán justicia, progreso y paz a un país, ni mucho menos con la vuelta de la presidencia imperial que en sus tiempos les quitaba el sueño a Echeverría y Salinas de Gortari y encaminaba a la población a estas ruinas de 2014.

                                armandosepulveda@cablevision.net.mx


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