MOLINO DEL REY El caldo y las albóndigas

MOLINO DEL REY  El caldo y las albóndigas

 

AL ARRANQUE DE LA DÉCADA de los 80s, del siglo pasado, a iniciativa de la Organización de los Países Productores y Exportadores de Petróleo (OPEP), el Instituto Mexicano del Petróleo (IMP) aceptó auspiciar un seminario de Comunicación para medios mexicanos, a fin de poner al día a periodistas y analistas especializados en el dominio de la información sobre materia tan universalmente compleja, sobre todo después de la crisis de los precios petroleros en la década anterior.

El canciller Meade diligente anfitrión

El canciller Meade diligente anfitrión

 

ERAN LOS DÍAS en que, en el argot diplomático, se aclimataba el concepto geo estrategia, relacionado directamente con la pugna mundial por el petróleo, después de la guerra árabe-israelí de 1973, que devino embargo petrolero a países consumidores de occidente, impulsado por el rey Faisal, de Arabia Saudita.
En el intercambio informativo de aquel evento auspiciado por el IMP, alguno de los instructores visitantes deslizó a manera de anécdota que años antes la monarquía saudita trató de tentar al presidente Luis Echeverría con la oferta de un financiamiento bastante para que el gobierno mexicano saldara su deuda externa.
Como pareciera obvio que el objetivo de esa oferta sería comprometer a México a su integración en la OPEP, la respuesta de Echeverría fue negativa, con base en dos argumentos: a) México no se expondría en el teatro de guerra de Medio Oriente, en la que Washington ya se constituía en factotum, y b) México no estaba dispuesto a poner en riesgo su soberanía petrolera. Echeverría, incluso, pretendía hasta entonces mantener en secreto el potencial de sus reservas de hidrocarburos nacionales para ponerlas a salvo de la codicia extranjera.

Nixon: La verdadera guerra

Como sea, real o no la citada oferta, la verosimilitud de la tentativa cobró su vasta dimensión en el desarrollo y enervamiento del conflicto en el Medio Oriente, de cara al cual las agencias de Inteligencia de los Estados Unidos volvieron los ojos hacia Venezuela y México como proveedores sustitutos de los países de aquella región.
La especie la ilustran los Documentos de Santa Fe de la década de los 70s, que se sustanciaron después en el Consenso de Washington, y obras como La verdadera guerra/ La Tercera Guerra Mundial ha comenzado (del ex presidente Richard M. Nixon, 1980) y La guerra que viene/ Operación Azteca (Caspar Winberger, ex secretario de la Defensa de Ronald Reagan).
Conviene tener presente ese ominoso expediente ahora que, con sospechosa frecuencia, dignatarios del Medio Oriente -los pasados 20 y 21 de abril, el Jeque Mohamed bin Rashid al Maktoum, vicepresidente y Primer Ministro de los Emiratos Árabes, y gobernador de Dubai- han tomado a México como destino de su agenda internacional, precisamente cuando se procesa aquí la reforma energética, a punto de culminarse en periodo extraordinario de sesiones en el Congreso de la Unión.

Aguas con los caballos de Troya

No pueden desvincularse esos ejercicios diplomáticos, de la participación que en las incesantes y cada vez más extendidas guerras de Medio Oriente tienen los corporativos trasnacionales del petróleo, que han sido los primeros en apostar su interés en la puja por los hidrocarburos mexicanos, especialmente después de que la Casa Blanca ha privatizado la custodia de la Seguridad Nacional de los Estados Unidos, dejando a contratistas particulares la suplencia de sus Fuerzas Armadas convencionales en aquella región.
La advertencia anterior no carece de fundamento: En la grave crisis de seguridad que asuela, por ejemplo, a Michoacán -y que se extiende ya a territorios vecinos- se han consignado evidencias de que en la lucha armada no son ajenos agentes binacionales entrenados y dotados de artefactos bélicos en y desde los Estados Unidos.
Si las reformas transformadoras en proceso se explican y pretenden justificarse con el supuesto de que la inversión extranjera sacará a la economía mexicana de su postración -sin discernir juiciosamente la verdadera identidad  de los potenciales inversores-, el riesgo inminente es que, con caballos de Troya en pleno galope, salga más caro el caldo que las albóndigas.

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