MOLINO DEL REY El sexenio es fatal: Sólo tiene 72 meses

MOLINO DEL REY El sexenio es fatal:  Sólo tiene 72 meses

ABRAHAM GARCÍA IBARRA 

 

Cuando, en 1988, Carlos Salinas de Gortari tomó por asalto Los Pinos, en operación que el diputado priista a la LIV Legislatura federal, el constitucionalista don Antonio Martínez Báez tipificó como Golpe de Estado técnico, uno de los profesores del usurpador en Harvard recordó a su alumno -palabras más, palabras menos-como un hombre que gusta de llevar las cosas hasta su máxima tensión.

La narrativa de los enervados acontecimientos de julio a septiembre de 1988 en el escenario de los Colegios Electorales de la Cámara de Diputados de aquella legislatura, dan verosimilitud a la descripción del maestro harvadiano.

Eficacia, imperativo de estadista 

Sin embargo, ya en el ejercicio del poder presidencial, Salinas de Gortari -entre el instinto, la intuición y su peculiar racionalidad- demostró que llegó a Los Pinos con plan, estrategia, plazos, sentido de la comunicación política y social, y, sobre todo, con un tanque de pensamiento y un equipo operarios que combinaron sus calidades y capacidades para sustanciar las ideas en vertiginosa praxis.
PARA MOLINO DEL REYCon independencia de juicios de valor -de los que incesantemente hemos dejado constancia en nuestros escritos- sobre la dirección ideológica del proyecto saliniano, el hacer gubernamental del usurpador estuvo primado por la eficacia: En tiempo y forma. Cerró el ciclo postrevolucionario e implantó el Estado neoliberal. Contra una activa resistencia popular, sin embargo terminó su sexenio con un razonable índice de aceptación, si ha de creerse a las encuestas de opinión.
Es inevitable recurrir a ese expediente bajo la luz del proceso transformador que intenta ahora el peñismo. Con su Alianza estratégica pactada con el PAN, Salinas de Gortari logró el pleno dominio del Poder Legislativo, que allanó de cabo a rabo la revisión constitucional y la legislación secundaria.

No basta el record Guinnes 

El peñismo pareció navegar en balsa sobre aceite con la adopción del Facto por México, a los que sumó al PRD y al Verde Ecologista con la mancuerna PRI-PAN y, como si se tratara de imponer record Guinness, sacó a trochemoche las (contra) reformas constitucionales. Hasta aquí, todo pareció viento en popa.
Primera acotación) Mencionamos la resistencia popular contra el proyecto tecnocrático-neoliberal. Pero Salinas de Gortari le dio  astuto rodeo a esa resistencia -a la que fue ajeno el movimiento social domesticado, charrificado-, buscando en la contraparte aliados entre los grupos de poder real. Verbigracia: Redimensionó sus relaciones con los económicamente poderosos y, con sus generosas concesiones programáticas y doctrinarias, compuso un nuevo y leal corporativismo empresarial.
No obstante que la más visible tendencia del transformismo peñista se orienta a favorecer al sector plutocrático y cleptómano de la sociedad mexicana y sus socios o amos extranjeros, es en este frente desde donde se le está metiendo más ruido a las llamadas “reformas estructurales”.

La administración del narco 

Segunda acotación) Desde los años cuarenta a los setenta del siglo pasado, es documentable la perversa y rentable empresa de la droga y su posterior control por agentes de las cúpulas privadas de los hombres de negocios, sobre todo por aquellos expertos en ingeniería financiera y logística comercial. Con la redistritación territorial y la cartelización cuasi-estatal de esa actividad, el salinismo se propuso administrarla  y redujo los índices de violencia entre las jefaturas criminales en competencia.
El peñismo tomó el poder -falta el ingrediente autoridad– con un México en estado de guerra que le endosó Felipe Calderón, quien por esa vía buscó legitimarse a falta de legalidad de origen. Si en términos de estrategia -déficit del calderonismo, que ignoró la tarea de inteligencia previa-,  en el combate al crimen organizado se han seguido las mismas líneas tácticas, el peñismo ha dado tumbos con el reclutamiento de beligerantes ilegales para enfrentar a otros grupos igualmente ilegales, comprometiendo la institucionalidad de las Fuerzas Armadas en la paramilitarización, y dando pie al caos en la estaticidad responsable del cuidado de la Seguridad Pública, y aun de la Seguridad Nacional.

Aliados sin unidad de mando 

Tercera acotación) Con la Alianza estratégica pactada en diciembre de 1988 con el PAN, que permitió al PRI construir en el Congreso mayorías relativas, absolutas y aún calificadas para revisar la Constitución, Salinas de Gortari tuvo en su galope el acompañamiento de dos fieles escuderos: Luis H. Álvarez y Carlos Castillo Peraza, en una sólida y unificadora jefatura nacional azul; ambos, promotores originales de aquella alianza. Con inducción del usurpador, o sin ella, fue disuelto el Frente Democrático Nacional (FDN), temido contendiente del 88, para satisfacer la pretensión caudillesca del candidato presidencial frentista Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, de tener y dirigir su propio partido, el de la Revolución Mexicana, en el que por más de una década ejerció como “líder moral”, debilitando y mediatizando a las corrientes de izquierda.
Con El Facto por México, el peñismo tuvo un arrancar de caballo… Pero, a contrapelo de la unidad de mando en el PAN en 1988-1994, la derrota de julio de 2013 dejó a este partido desvertebrado y acosado por la rapiña de los insaciables náufragos. Abandonando su antiestatutario,  precario y tambaleante control, Gustavo Madero -perturbado por su obcecación reeleccionista- dejó el interinato en manos de Cecilia Romero quien, con la arrogancia de ser la primera mujer en el más alto mando de esa formación reputada de machista, lo primero que ha hecho es ensayar un golpe de timón, desconociendo los compromisos pactictas.

La disputa de 2015, en marcha 

La tercera muleta del pactismo, la representa el PRD. En semejantes circunstancias que las del PAN,  los amarillos están enfrascado en su permanente y caníbal pugna por la tesorería del partido. Nuevamente, deshojando la margarita, Cárdenas Solórzano deja el apetecido botín en manos de las rapaces tribus en un conflicto interno sin solución de continuidad.
Rota la disciplina formalista en el interior del PAN y el PRD, sus coordinaciones de bancada en el Congreso no dan para garantizar el seguimiento de los compromisos pactistas, pues los responsables del pastoreo reproducen en el interior de sus grupos parlamentarios los intereses bastardos que se juegan en la elección de las dirigencias nacionales.
Al sexenio peñista le restan 56 meses. Meses de suyo inciertos, si se toma en cuenta que ahora mismo se ha abierto el fuego en la disputa por las candidaturas para las elecciones federales intermedias (Cámara de Diputados) en 2015, y los comicios  correspondientes a al menos 17 estados, entre ellos por la gobernación del incendiado Michoacán.
Horas de reflexión -si las hay- para prevenir el futuro inmediato, son aquí y ahora. Ya lo advierte el ranchero: Cabestreas… o te ahorcas.  


Michoacanos; 

De Guatemala a Guatepeor

 

La neta es que, en el affaire michoacano, no sólo Los templarios, los autodefensas y los comisionados se juegan su futuro. En la escena están dos personajes nativos que apuestan, el suyo, con el destino de Michoacán.

 

Cocoa.

Cocoa.

En segunda vuelta están, en la esquina azul, Luisa María Coca Calderón Hinojosa. En la esquina amarilla, Silvano Aureoles Conejo (éste es su segundo apellido, no un remoquete, aunque lo merezca).
Si bien en las elecciones de noviembre de 2011 se disputó un mandato corto de gobernador, de sólo dos años siete meses, ahí estuvieron en la pugna Luisa María, impulsada por su hermano El hijo desobediente, quien le brindó filial apoyo con la generosidad que permiten los subsidios a programas sociales.
Y Silvano, promovido desde el Senado por Manlio Fabio Beltrones Rivera, quien pretendió levantar su plataforma territorial para disputarle la candidatura presidencial a Enrique Peña Nieto, colocando a sus compañeros de escaño en las gubernaturas, sin distinción de siglas partidistas.
Por fin, después de dos sexenios mochos, viene para Michoacán un sexenio completo. Por eso, Silvano se opuso a la desaparición de poderes hace unos meses, como lo pretendía el PAN. Él era un prospecto idóneo para la cicatera suplencia.

Conejo.

Conejo.

¿Cuáles votos cuentan? 

Los votos cuentan, pero no necesariamente los de los electores michoacanos. Cuentan los votos del PRD que “administra” en la Cámara de Diputados federal Aureoles Conejo, presidente de la Junta de Coordinación Política de San Lázaro; por supuesto, coordinador de la rapaz bancada amarilla.
Los votos cuentan en el Senado, donde, por su pedigrí familiar y su trayectoria legislativa, Cocoa ejerce un razonable grado de influencia y capacidad de convencimiento en la bancada azul.
Aureoles Conejo pactó con la tribu de Los Chuchos su adhesión a la candidatura de Carlos Navarrete Ruiz, a cambio de su permanencia como coordinador del perrredismo en San Lázaro, en donde Manlio Fabio lo transó para la Junta de Coordinación Política, como trampolín para su candidatura, por segunda vez, a Michoacán.
Víctima propiciatoria.

Víctima propiciatoria.

Cocoa, con intenciones de repetir en la candidatura michoacana (que por cierto tuvo también  su hermano Felipe hace casi veinte años), y por compromiso familiar, estuvo al lado del coordinador senatorial azul Ernesto Cordero Arroyo; y con él está ahora que es candidato a la sucesión del reeleccionista Gustavo Madero Muñoz en la jefatura nacional del PAN.
Los votos legislativos bien valen la cabeza de Jesús Reina García, a nueve meses de que (primera semana de enero de 2015) el nuevo Instituto Nacional Electoral dé el banderazo para abrir el proceso sucesorio del decrépito priista Fausto Vallejo, que pasará por la báscula el 5 de julio y terminará con la coronación del nuevo ungido el 26 de septiembre. Pobres michoacanos: Van de Guatemala a Guatepeor. (Abraham García Ibarra.)

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