El maíz: Símbolo imprescindible de la patria mexicana

El maíz: Símbolo imprescindible de la patria mexicana

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CARMELO GALINDO LÓPEZ

Cómo entender a México sin… el maíz, el maguey, el nopal y el sombrero…”. Cuestiones de soberanía y seguridad alimentaria nos han acostumbrado a escuchar en los discursos políticos y, hasta los funcionarios más liberales han destacado públicamente la importancia que tiene para el pueblo mexicano conservar la capacidad productiva del maíz, principal alimento de los mexicanos.

SIN EMBARGO, en los hechos la realidad dista mucho de ser un asunto sencillo. En términos alimenticios, la bondad del maíz es indiscutible, es rico en fibra, almidón, proteínas, grasas, azúcares y minerales. Lo que lo convierte en uno de los principales suministros de la energía que se requiere a diario, sobretodo de la gente que trabaja en tareas del campo, ya que en las ciudades existen otros alimentos sustitutos para proveer esos requerimientos energéticos.
Contar con una política del maíz, es tan importante como la misma reforma energética tan publicitada. La importancia de este cultivo, resulta súper estratégica, porque las proteínas animales (carnes/huevo/leche/pescado) presentan precios inalcanzables al consumidor que le permitan cubrir la demanda diaria alimenticia.
A esa galopante bestia llamada inflación se han agregado las frutas hasta de corte silvestre como los cítricos, y no se diga las legumbres.

Maiz, nopal y maguey, orgullos de la patría

Pero, ¿dónde reside el problema alimentario de México? Vamos revisando algunas cifras del maíz para intuir un poco el efecto destructivo que atrae a las cadenas de producción el abandono a la suerte de los agricultores, cuya mayor virtud es precisamente saber cultivar.
Mayahuel de hoy.

Mayahuel de hoy.

Los estudiosos del maíz dicen que fue domesticado hace unos ocho mil años, precisamente en tierras de México y América Central, reconociéndose al menos 60 variedades, aunque otros reconocen al menos tres veces más.
O sea, junto con el nopal y maguey, el maíz debiera ser uno de los máximos orgullos de la patria, defendibles en todo terreno e impedir a toda costa perder ante firmas extranjeras ese patrimonio nacional y cultural; tal y como pasara ante los asiáticos en el 2008, cuando la Confederación Nacional Campesina acusó un proceso para patentar los derechos sobre algunas variedades de maguey y nopal.
En el caso del maíz, la vergüenza  aún es mayor. Más allá de la importancia económica, que la tiene, su principal atributo es ser un cultivo de gran importancia social,  pues ocupa más del 50 por ciento de la superficie sembrada -se cultivan aproximadamente ocho millones de hectáreas-, aportando el 30 por ciento del valor total de la agro-producción.
Obviamente el maíz blanco -para consumo humano- representa el 94 por ciento de la producción, algo así como 20 millones de toneladas por año agrícola; el resto es maíz amarillo.
Lo más interesante, es, que el 65 por ciento de la economía del maíz se realiza en zonas de temporal, dando empleó y alimento a 2.3 millones de familias productoras en 6.3 millones de hectáreas cultivadas.
El promedio de siembra por productor es apenas tres hectáreas, y el rendimiento no supera las 2.8 toneladas por hectáreas; sin olvidar que los rendimientos de temporal son menores a 1.8 toneladas por hectárea y, que el 55 por ciento de su producción la destinan al autoconsumo.

Apoyos insuficientes

Qué más indicadores se requieren para corroborar que se trata del cultivo de mayor importancia social en el país. Por lo tanto, requiere una política especial. Ciertamente, se tiene el Programa de Incentivos para Productores de Maíz y Frijol (PIMAF), con mil 200 millones pesos presupuestados para este 2014. Pero es insuficiente.
Nopal con tunas rojas.

Nopal con tunas rojas.

Algunos especialistas estiman que los apoyos al grano-maíz alcanzan los 16 mil millones de pesos, distribuido en partidas para seguros, reconversión, comercialización, riego, etcétera, en programas diversos como Procampo, Agroincentivos, Conversión Productiva, Fonaga, entre otros.
Es muy complicado armar tal rompecabezas presupuestal, pero si fuera cierto, el monto total alcanzaría un 20 por ciento del presupuesto total asignado al ramo agroalimentario.
Otro punto importante, es que tales recursos no van al desarrollo de los productores, sino a fomentar la productividad; o sea, los apoyos son para semillas mejoradas, paquetes tecnológicos y asistencia técnica; y, en todo caso, el desarrollo de los productores sería tarea de otros actores de la administración, pero no del vector agrícola.
Si la demanda nacional de maíz supera los 30 millones de toneladas anuales, entonces las importaciones representan unas 8-9 millones de toneladas. Esas importaciones provienen de los Estados Unidos, y son maíz amarillo, que se dice un 40 por ciento van al consumo pecuario.
Respecto del comercio internacional del maíz, destaca que en 2008 concluyó el proceso de apertura -desgravación arancelaria a las importaciones del grano proveniente de Estados Unidos y Canadá.
Una deficiencia del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), es que no incluye ningún apartado sobre el trato a dar a las variedades de maíz genéticamente modificadas (transgénicos).
Actualmente, se estima que el 100 por ciento de las importaciones son transgénicos, según los defensores ambientalistas. Tal afirmación no puede contradecirse porque las importaciones de maíz no tienen restricción alguna; y según ellos, el mayor riesgo mayor se relaciona con la sana evolución genética de los consumidores, ya que se dice, pueden generar mutaciones genéticas.
Por fortuna, mientras sea cierto o falsa tal afirmación ya se aprobó la Ley de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados (LBOGM), que reglamenta y restringe su empleo en el país; en apego a esa ley, se suspendió por orden judicial la autorización de siembras experimentales, de piloteo y el comercio -70 solicitudes que se tenían en marcha, hoy guardan el status de “estancado”.
Otro símbolo mexicano.

Otro símbolo mexicano.

En otras regiones del país, se han presentado otras reacciones ante los transgénicos como el amparo promovido en sureste del país de comunidades y organizaciones civiles para detener la siembra programada de unas 250 mil hectáreas de soya genéticamente modificada.
En cambio, en el resto del mundo, se reporta que en el 2013 se cultivaron 175.2 millones de hectáreas de maíz transgénico, en 19 países en vías de desarrollo y en ocho países desarrollados.
Si. El riesgo es suyo, pero por tratarse de seres humanos, un organismo internacional debiera ocuparse de este tipo de asuntos, porque no puede dejarse que el azar decida el destino de la humanidad.
Realmente, no es un asunto menor. Ya que implica hacer convivir en una semilla los genes (ADN) de origen animal, vegetal y de bacterias, que al combinarse prácticamente ya no podemos hablar de maíz, sino de alguna otra especie. Y por tanto, su consumo, sí puede traer consigo riesgos aún desconocidos.
Otro aspecto de la economía del maíz, tiene que ver con la estructura de comercialización -tipo monopsonio-, ya que en México son dos empresas las principales compradoras -Cargil y Maseca-, mientras que Diconsa, última empresa de Consasupo, por carecer de infraestructura prefiere comprar al extranjero de manera programda este grano.
El reto es de los diseñadores de políticas públicas para entregar a México, una política del maíz acorde con el valor social y cultural que nos representa. A ver quién dice: Yo.


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